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Tigres en Bolivia (Ultima parte)

LA HORA SEÑALADA

Y el momento añorado finalmente llegó: "Por un instante vi sus ojos amarillos, implacables y brillantes, mirándome fijamente y reconociendo al rival. Fue el chispazo que quedaría indeleble en mi vida de cazador". El yaguareté estaba ahí.

POR CARLOS REBELLA

Apareció el cazador con su sombrero aludo en mano y saludó al patrón que lo presentó simplemente como Negro. No pregunté por el apellido… Negro era un hombre de cabello entrecano, edad indefinida y piel curtida por mil vientos y fatigas. Habitaba en soledad desde hacía más de 30 años una casa ubicada en el centro de un amplio terreno despejado, a salvo de los frecuentes incendios que, afortunadamente, se extinguen gracias a las habituales lluvias.

(Leer más en VIDA SALVAJE # 230 - Julio 2017).

 

 
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